Buenos Aires,
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Nuestra forma de mirar al arte y en particular a la arquitectura le cuesta abandonar  ese pre-juicio estético que heredamos de Kant, donde el conocimiento quedó restringido al uso teórico y práctico de la razón, que lo limpió de todos los momentos estéticos vinculados al sentimiento.

El conocimiento sensible propio del arte es visto como una paradoja.
Algo solo es conocimiento cuando ha dejado atrás su dependencia de lo subjetivo y de lo sensible y se atiene a la razón, lo universal y la ley de las cosas.

Desacreditó así todo conocimiento que no sea el de la ciencia estricta.

A partir de esta forma de ver, el arte se convirtió en algo separado.
Su tarea ya no será el símbolo visual y sensible de una época, sino el encuentro de eso llamado “Arte” con el individuo en su captación subjetiva.
Quedó así convertido en objeto de una vivencia estética fuera de todo tiempo y lugar y transformado en autónomo “arte por el arte”.
Esta manera de ver desplazó de ese “cielo del arte” a la arquitectura por su dependencia de la función de servir y ocupar un lugar en un contexto social.
No fue extraño, entonces que Adolf Loos sostuviera en “Ornamento y delito” (1908) (1):
 “Que la sociedad no tiene necesidad de arquitectura sino de viviendas, que mientras falten viviendas será inmoral gastar dinero transformando las viviendas en arquitectura, porque si no sirve a las necesidades prácticas es inmoral y si las sirve no es arte.”

Pero…resulta que la arquitectura no es un objeto para contemplar, se está dentro de ella, se la vive.

Aquí tocamos el fondo de la ideología iluminista y su puritana Diosa Razón, esa que diseca, que separa, belleza de utilidad, razón de sentimiento, que terminó por hacer del arte una máscara decorativa o una mueca rebelde. 
La cultura de la modernidad europea ¿no viene repitiendo esto desde que Hegel planteó “el arte como algo pasado?
¿No sucedió que los grandes artistas, de fin del siglo XIX europeo, se sintieron desarraigados de esa arrolladora industrialización y comercialización, asumiendo un destino bohemio y vagabundo como esos antiguos juglares?

Pienso que sería bueno recordar eso que decía Guardini en “El fin de los tiempos modernos” (2): “La disociación violenta entre conceptualidad abstracta y materialidad sensualista, ya tuvo su tiempo, es hora de mirar, escuchar, tocar con las manos y actuar con todo nuestro ser viviente, para dejar atrás lo abstracto y reencontrar la plenitud de la imagen.”

Y… ¿si el arte fuera un espejo sensible de las concepciones del mundo?
¿No habría en el arte y especialmente en la arquitectura, un profundo conocimiento de los paradigmas que dan sentido a las distintas culturas?
¿No será que razón y sentimiento son inseparables?
Si para nosotros la inteligencia es sintiente, animémonos a leer las imágenes y sensaciones que el arte expresa de los diferentes paradigmas.      

Intentemos ver que nos dice, hoy, ese movimiento que llamamos “desconstrucción”.     
La desconstrucción parece venir a   romper, con sus transversales, el sistema de esa red globalizada del postmodernismo neoliberal y las fachadas acartonadas, plagadas de liftings, que pretendían ocultarla.
Para tratar de entender el origen del nuevo paradigma retrocedamos para ver que expresiones tuvo el arte de la cultura europea desde mitad del siglo XIX.


La cultura europea después de la Revolución Francesa acentuó su lucha interna binaria, ya no entre la trascendencia en ese Dios Juez Soberano y la inmanencia del aquí, sino entre las representaciones de esa nueva visión inmanente del mundo a la que se había lanzado a proyectar.

El arte llamado impresionista y los palacios de cristal de las exposiciones comenzará a expresar la nueva visión.
La pintura quedó atrapada por las sensaciones que la nueva cultura burguesa y su despliegue  en esos bulevares  al aire libre le impresionaba. Y representó el nuevo escenario, con cafés en las veredas y sus paseos en los primeros vehículos fabricados en tiras de montaje.
 Y los vidrios transparentes liberaron del encierro a las mujeres y los hombres ¡por fin autónomos! como los colores y las pinceladas de sus cuadros y abiertos a los espacios infinitos.
El “Palacio de Cristal” en Londres 1851, y luego las Exposiciones Internacionales, en Paris 1878-1889, marcaron las nuevas construcciones.

El envoltorio, la  piel que contenía el espacio interior del repliegue aristocrático, se disuelve en la transparencia vidriada, quedando la estructura expuesta, libre y separada.
Todo mostraba la  liberación del encierro aristocrático y cortesano y el despliegue en la transparencia y la luz. Pero, la estructura metálica se mostró también autónoma.
Y ahí surgió el germen del futuro conflicto entre esa libertad individual narcisista y la necesidad de una estructura racional de sustento y contención.
Se comenzó a sentir que la revolución  tenía que ser algo más que el abandono del gusto académico y la conquista de la libertad frente a los antiguos prejuicios.
Desde la razón como ciencia, una nueva imagen del mundo era necesaria, para ordenar estructuralmente la realidad.

Seurat dibujó a los nuevos burgueses como maniquíes en “domingo de verano”.
Cézanne no creyó en ese congelamiento de la forma burguesa, e intentó controlar geométricamente las impresiones sensibles, como forma de contener los nuevos tiempos sociales.
Anticipó así, de alguna forma, al  cubismo, ese movimiento en el que se embarcaron casi todos los grandes artistas de principio del siglo XX, que con sus juegos geométricos desconstruyeron, la nueva formalidad ornamental  de la “bella época”.      
Quedaron por allí marginales como Van Gogh, que se rebeló tanto contra el impresionismo sensual como contra la estructura intelectual, e intentó captar la realidad en su simple existencia de aquí y ahora. Y Gaudí donde la estructura quedó encarnada en la materia de esa piel que conecta interior con exterior.  

Después de la primera guerra, Europa intentó buscar un nuevo paradigma que le permitiera continuar con  su afán cultural de globalización.
Miró los restos ahí desintegrados y se lanzó a rearmar el control mundial desde  lo más elemental: la UTILIDAD de las cosas y su FUNCIÓN.
El neoplasticismo expresó esta forma de ver, acoplando los elementos sueltos solo relacionados en base a la función. 
Comenzó a perfilarse  así un nuevo paradigma, que la todavía dominante cultura europea pensaba era común a todas las diversas culturas, el GRAN RELATO del “TODO FUNCIONAL”
Pero…no podía faltar en su cosmovisión binaria otro  gran relato antagónico. La torre Eiffel -1890- fue  un alarde de la estructura en sí, pero manteniendo el equilibrio y la simetría clásica.

  

La destrucción cubista que Delauney (1910) hace de la Torre Eiffel, ¿no anticipaba no solo la primera guerra civil europea, sino a la revolución rusa?   
Esa revolución que se apoyaba en la liberación de ese proletario encadenado a la línea de montaje, que la sociedad burguesa industrializada había creado, haciendo de él un robot.
Y Malevitch y Lissitzky, con el llamado constructivismo (mejor desconstructivismo) desmontan, las relaciones clásicas equilibradas, para en actitud rebelde, lanzarse a torcer, desequilibrar y atectonizar las estructuras, como símbolo de una transformación de las relaciones del sistema social.

     

Se fue conformado así ese rebelde GRAN RELATO, de negación de negaciones, que originó el nuevo paradigma de la “SOCIEDAD DIVIDIDA EN DOS” 

     

     

Pero en esa década, pos primera guerra, la juventud burguesa de la Europa central,  rechazó ese nuevo corsé que quería  sujetarla a la utilidad y se rebeló en “los años locos” (20-30).

     

¡Y los surrealistas gritaron!, “El arte no debe ser de ninguna manera productivo”, mientras se mofaban de los constructivistas que querían coordinar el arte con el proceso histórico de la sociedad, fueran ellos reformistas o revolucionarios.

     

Las vanguardias neoplásticas, querían la revolución creando un nuevo paradigma social, el surrealismo solo quería el escándalo y hacer del arte algo totalmente libre y autónomo.

     

Fue significativo que la sociedad burguesa acogiera más fácilmente a los surrealistas que a los neoplásticos o a los constructivistas que habían emigrado a la Rusia revolucionaria.

     

Es que el escándalo era menos peligroso y más libre que la revolución y le permitía soñar en el arte como nueva religión.

     

En la década del 30, frente al caos de los rebeldes, se instalan las dictaduras totalitarias de izquierda y de derecha.
Y…la posguerra, para reconstruir, armó los Estados   Sociales como superestructuras.
Pero algo se había roto en las relaciones sociales y las nuevas generaciones se rebelaban contra las filas alineadas de los robots, que las dictaduras habían generado.
Parsons, apoyándose en Husserl, en la década del 50, asimila a la sociedad a un todo auto-regulado, dando nacimiento a esa sutil red estructural que pretendió contener, en un todo abstracto y sutil, la diversidad de los individuos.
Esta autonomía de la estructura de sostén, que se dio también en el  lenguaje como significante, separó drásticamente el  hilo ínter-subjetivo, que conectaba a las personas (perlas del collar), dejándolas libradas (liberalismo) a su narcisismo. 
Así quedó instalado el estructuralismo, sistema que sostiene y se hace cargo de las relaciones como lazos abstractos y generalizados, dejando a los individuos sueltos, desconectados entre sí y relativizados, que poco a poco en su narcisismo se transformaron en máquinas deseantes exigentes de derechos.
Este nuevo paradigma de relaciones abstraídas de los individuos concretos y su entorno particular, pone  en evidencia esa veleidad idealista   que pretendió tener una visión inmediata, transparente y total de lo real, tal como lo imaginó la filosofía de Husserl.

     

     

Y el arte, incluida la arquitectura, expresa con claridad esto.
Basta mirar las obras  de Mies Van der Rohe y sus estructuras independientes, a Mondrián y sus cuadros y las esculturas sin pupilas, para darnos cuenta que la mujer y el hombre concreto han sido borrados del sistema social de relaciones.
Mondrián frente al cubismo y Mies frente al constructivismo creen que la racionalidad no era llevada a sus últimas consecuencias.  

     

Luego, la experiencia de la realidad, por diversa que sea tiene que tener una trama estructural constante que la determine en sus relaciones, más allá de los sentimientos particulares.

Mondrián quiso eliminar lo trágico de la vida, eso en que se hundía  el expresionismo, rechazó también la rebeldía irracional del surrealismo, la efímera alegría de Matisse, o la risa entre lágrimas de Chagall, para reducir los fenómenos a la idea estructural que debía contenerlos.

Y… llegaron los desconstructivos (década del 70) Derrida, Lacán, Eisenman, esos nuevos prometeos que se lanzaron a romper esas estructuras.

Derrida refiriéndose al lenguaje dirá:   
“El monolingüismo del otro encierra una aparente autonomía, porque debo hablar esa lengua como ley y adueñarme de ella como si fuera mía, pero sigue siendo como toda ley heterónoma.” (3)

El sistema de la lengua planteado por Saussure es bipolar. El significante: la evocación del nombre por la cosa y la del significado: la cosa por el nombre.

Pero Lacán capta la problemática:
“La lingüística, como toda ciencia, define su objeto: la lengua y en esta operación analítica y separativa ejerce su dominio sobre el significante.” (4)    
Conclusión: la lengua y la estructura han ocupado el sitial del antiguo Dios, y los individuos móviles y autónomos, volvieron a ser heterónomos dentro de esa estructura sutil y separada y sus vidrios transparentes generalizada por Mies con el Seagram.

En definitiva la lengua como depósito inmenso de signos  y  la  estructura  que  sostiene  el sistema, se transforman en objeto de puras relaciones y dentro de ellas queda el hueco vacío del hombre concreto.

Por eso, para Lacán, la relación entre significante y significado no es automática ya que depende del contexto y el habla fugaz con el otro, que se expresa en los lapsus y los malos entendidos, de ahí que él sienta la necesidad de desconstruir la relación del signo lingüístico.

¿No se ve en la casa Lakeville (1973) de Peter Eisenman la expresión de esto en arquitectura?
La superposición de cubos del funcionalismo son reemplazados  por cubos girados a 45 que se entrechocan.
“Los muros se imbrican unos en otros, se traspasan se interpenetran y la lectura interior es tan complicada como desagradable”, dirá Bernardele (5).

¿Qué es lo que pensaba Peter Eisenman que lo condujo a esta forma de hacer?
Lo moderno deriva de la filosofía de Hegel, donde en su “Estética” se manifiesta la ruptura con la tradición clásica.
Visto desde hoy esa autoproclamada ruptura fue algo ilusorio.
La idea que la arquitectura debe estar en la tradición de la verdad y de su función y que eso es lo bueno y lo bello, constituye una forma primitiva de represión.
Contra esta noción es posible proponer una arquitectura de la inestabilidad que es hoy de hecho la verdad. Solo cuando la arquitectura disloque esa verdad “natural” de la modernidad entrará de manera significativa en el período poshegeliano.” (6)
La fenomenología en su abstracción, sigue siendo  lo ya pensado por la cultura occidental para la globalización.
Está claro que los desconstructivistas se rebelan contra esa trascendencia estructural y lingüística que imposibilita un pensamiento propio.
Tienen razón en rebelarse contra la metafísica heterónoma del estructuralismo, pero ¿su mirada al pasado no los deja atrapados en él?
Mark Wigley afirma:
“La desconstrucción no significa apartarse o ir más allá del viejo modelo conceptual, a la manera que Kuhn describe, no es un nuevo paradigma y su sofisticado discurso termina siendo ornamenta.l” (7)
Esta actitud rebelde, sus quiebres transversales y el mediático discurso desconstructivo termina siendo un juego con la misma estructura, donde el hombre  concreto  está  borrado,    donde solo se habla del hueco dejado por él en esa trama estructural y lingüística.
       

Al fin, la desconstrucción es como un joven rebelde que  rompe las normas, pero continúa disfrutando de los beneficios de seguir en la casa  paterna.

Y llegó la posmodernidad en su descreimiento generalizado, en el sentimiento de la muerte de la Diosa Razón y sus grandes relatos.

Y Luhmann ante el nuevo contexto, analiza el relato del “TODO FUNCIONAL” y acepta que ya no podemos sostener que el mundo sea una totalidad cerrada.
“El sistema tiene límites. Esto es lo que hace diferente al concepto de sistema al de estructura”, dirá. (8)
El sistema es una cosa y el  entorno otra y esta separación es, para él,  radical.
“A partir del estoicismo, el sistema de signos del mundo occidental fue ternario ya que reconocía el significante, el significado y la coyuntura. En Europa a partir del siglo XVII se convertirá en binaria ya que se definirá, de acuerdo con Port-Royal, por el enlace de un significante y un significado” , afirmará Foucault. (9)
De alguna forma Luhmann vuelve a un sistema ternario.
El sistema es esa red de comunicaciones.
Allá en el entorno sueltas, las conciencias individuales en su coyuntura.
Y plantea ya no un todo funcional sino “el sistema y el entorno”. Para él los sistemas sociales son sistemas de comunicación con sus significantes y significados, las personas como sistemas auto referentes y auto concientes están en el entorno.

De esto resulta que el ser humano, al formar parte del entorno de la sociedad, es más libre que si se lo concibiera como parte de la sociedad, puesto que el entorno, en comparación con el sistema, es el campo de mayor complejidad y menor orden, de mayor libertad, hasta para algunos actos vistos como irracionales e inmorales.

Este NEO-TODO COMUNICACIONAL y sus reitings y encuestas mediáticas, liberó a los individuos que quedaron en el entorno solo queriendo que el sistema no joda su actitud de máquinas deseantes.
Y apareció MacLuhan que sostuvo que el medio es el mensaje. Primero fue la palabra hablada, que tomó distancia del entorno para tratar de explicarlo. Más tarde llegó la imprenta  y  el pensamiento se hizo lineal,

   

con los tipos móviles de Gutenberg y la palabra viva corrió el riesgo de transformarse en letra muerta. Hoy las imágenes formales pretenden  enmascarar un interior vacío.

De ahí que para MacLuhan el medio sea el mensaje, independiente de su contenido ideológico. El medio nos hace entrar en la realidad virtual, en la que pasamos, de un modo artificial, de un entorno a otro.

El formalismo externo de la arquitectura y los medios como mensaje se vuelcan a  vendernos el producto.
El arte ya no interesa por el contenido sino por la forma, igual que el mensaje por la forma de comunicarlo. Por su parte Enzensberger, ubicándose a la izquierda, vio en los medios de comunicación uno de los caminos más eficaces para activar la lucha de clases.

Claro… frente a los movimientos de protesta y los actos de represión los medios actúan de resonador e impactan… pero… en su repetición, en el marco de universalidad abstracta y virtual, sin darnos cuenta entramos en el espectáculo, perdemos la escala y el contexto y finalmente el sentido del suceso.

MacLuhan no tiene una posición crítica, pero tiene un poder analítico. Por su parte Enzensberger quiere ser revolucionario  pero termina en místico, que cree en la
potencia  emancipadora del sistema como medio de comunicación.

 Llegado a este punto, desde nuestro “mirar desde aquí” tratemos de sintetizar la herencia que recibimos.

Toda la cosmovisión de la Cultura europea giró en torno de esa oposición binaria entre alma (psiquis) y cuerpo (soma), una elevada y eterna, la otra caduca y allá abajo.
De ahí que buscó subir al podio del espíritu para desde esa altura manejar lo material.

A esta cosmovisión los semita-cristianos opusieron su visión ternaria, que hacía indisoluble la carne (basár), el nombre de cada uno (néfesh) y ese soplo vital del amor (rúaj) que fluía en la relación intersubjetiva.

Y el choque de estas dos visiones lo sintetiza Simone Weil:
 “El Imperio Romano en su operación de domesticar al cristianismo comenzó por exterminar a la mayor parte de los que la trasmitían, luego la
hizo doctrina oficial de un Estado idólatra y desde allí exterminar  como heréticos a los que trataban de conservar la fe auténtica. Hoy se comprueba hasta que punto la operación tuvo éxito, puesto que desde hace veinte siglos el espíritu de la Roma pagana inunda el mundo; nosotros incluidos.” (10)
San Agustín, influido por el maniqueísmo, no podrá escapar a la bipolaridad social e imaginó  las “dos ciudades” apoyándose en  el dicho de Jesús ante Pilatos “Mi reino no es de este mundo”.
Esto llevó a los cristianos a replegarse subjetivamente en ese reino celestial y dejar que se afirmara la institución  iglesia como aparato destinado a ocupar la totalización superestructural del antiguo Imperio.

 Pasó el tiempo y llegó la Revolución Francesa y esa Iglesia dueña del Espíritu trascendente que se consideraba única puerta de acceso a ese reino celestial es desplazada de la tarima.

Y el nuevo Todo abarcante del Espíritu se hace inmanente e histórico con Hegel en la llamada “modernidad”.     
Dinamiza y subjetiviza el antiguo Estado estático del Imperio Romano, haciéndolo centro totalizante de ese   “Trabajo del espíritu” donde se da la  lucha dialéctica de contrarios que se suceden en su negación de negaciones.
Hegel en el “Espíritu del cristianismo” ve en la acción de Jesús  una inclinación por lo particular y la sensibilidad del amor y una relativización de lo universal de la razón y su ley.

En la “Filosofía del Derecho” destaca la dualidad entre la violencia varonil del Estado y la mujer que con su eterna ironía disuelve la confianza absoluta en la universalidad, que descree en los dioses de arriba y rinde culto a las divinidades subterráneas de la sangre.
Pone el ejemplo de la Antígona de Sófocles, donde Creonte y Antígona ambos hacen valer su visión frente a la otra desencadenando el conflicto trágico.

Finalmente en la “Fenomenología del espíritu” intenta superar el conflicto con una nueva forma de comunidad política, donde cada individuo, como autoconciente, vale igual que cualquier otro en la unidad de ese “trabajo del espíritu”.
Nace el ESTADO DE DERECHO que absorbe las relaciones intersubjetivas (el hilo del collar) definiendo acuerdos, conflictos, derechos, haciendo de los hombres y mujeres concretos, seres aislados en su autoconciencia. 

Y la lucha ideológica dentro de ese Estado  transformado en Diosa Razón se instaló.
Por allá los anarquistas que no creían en la nueva divinidad del  Estado y por el otro lado los lasallanos y su pleitesía al nuevo Estado y entre medio y tironeado por ambos extremos Carlos Marx temiendo que el Estado, ya no la Iglesia, fuera el nuevo “opio del pueblo”. (11)
Al final ese  dualismo del legado de la cultura europea nos condujo a la esquizofrenia, entre la carne y espíritu, entre la  ciudad celestial y la terrenal y nos empujó a evadirnos en fuga hacia arriba o hacia delante dejando el aquí y ahora en la decadencia y el caos social.

Y Spengler, guste o no, anticipó la crisis:
 “El hombre del Occidente europeo está en sus postrimerías, su paralelo no es la Atenas de Pericles sino la Roma de Cesar. Ya no produce una gran pintura ni una gran música y sus posibilidades arquitectónicas están agotadas. No le quedan más que posibilidades extensivas.” (12)
Pero… ya esas posibilidades extensivas también se están agotando. 
       
Y aquí estamos nosotros tocando fondo, intuyendo que ya no es cuestión de apropiarse de la modernidad sino de fagocitarla, devorarla y desechar lo que no nos sirve, como decía Kusch, sintiendo cada vez más, el irreversible final de ese SER europeo y su cosmovisión binaria y su trágico dualismo.

Mientras en nuestro joven cerebro y sintiente corazón se agolpan las preguntas.

¿Seguiremos encerrados en el círculo vicioso de la dialéctica de negación de negaciones?
¿Esa que separa forma de contenido? ¿Que hizo de la arquitectura una imagen pintoresca para que el médium la fotografíe? ¿Que abandona el entrar, el moverse, el estar y sentir ese pliegue que se abre y cierra entre el interior y el exterior?
 En nuestro analfabetismo visual, que se queda con la forma sin intentar leer el contenido, atrapados como estamos con las variaciones formales más o menos estéticas de la arquitectura de “la modernidad”, ¿vemos ese  todo abarcante que contiene en su interior los individuos aislados uno al lado de otros (no juntos) trabajando o moviéndose, que todas plantean?

Y la arquitectura desconstructiva ¿no nos muestra acaso el deseo formal de romper esa totalidad?
Pero… ¿no termina atrapada en esa totalidad, jugando con sus estructuras, pero dejando a los individuos concretos y sus sentimientos borrados y sus lugares transformados en no-lugares?  

Y… los últimos contoneos formales y mediático-visuales ¿No nos quieren vender el producto arquitectónico por su envase, ya sin contenido?

Ya Camus en la posguerra elucubraba:  “El academicismo de derecha ignora su miseria, que el academicismo de izquierda utiliza. Pero en los dos casos la miseria queda reforzada y el arte negado. El arte es una rebelión contra el mundo en lo que este tiene de fugitivo e inacabado, quiere dar otra forma a la realidad pero no la repudia, en su ambigüedad se juega por la creación.” (13)

Detengamos nuestra mirada ahora  en las Escuelas de Arte en Cuba.
Marina Waisman se preguntó:¿Por qué el expresionismo decorativo y barroquizante de las escuelas de arte de la Habana habría de figurar en la órbita de las arquitecturas socialistas, cuando es un evidente ejemplar de la corriente de revivals que inundó la capitalista y democristiana Italia durante años? (14)
Y Roberto Segre dirá:
“Que constituyen la experiencia estética y espacial más intensa alcanzada por la actual arquitectura cubana, sin embargo sus formas no coinciden con los nuevos contenidos, ni su exuberancia formal está acompañada por el rigor científico necesario para responder eficientemente a las exigencias funcionales.” (15)
Sin embargo…
¿No es la primera vez que la arquitectura latinoamericana se anima a restituir el hilo del collar a las perlas sin estar determinadas por un todo envolvente?

Intuyo que la revolución cubana estaba en los comienzos de su ideal el restituir las relaciones perdidas partiendo de la hermandad que encarnaban los líderes como modelo, y me pregunté ¿las pequeñas cupulitas enlazadas a las más grandes no simboliza esto?
Detengámonos en el análisis que hacen Santiago Bozzola y Ramiro Gallardo de la Cooperativa Tierra:
“Los espacios interiores son de alguna manera la consecuencia de extender al interior la técnica de lo externo, a la vez los espacios externos son el resultado de la prolongación inevitable de la arquitectura como paisaje, todo es un intento de fundir arquitectura y paisaje en una suerte de tercera identidad indivisible.” (16)
Como involucrado me pregunto:
Los espacios interiores que condicionan las formas exteriores en sus diversas  funciones y tiempos ¿ no son el símbolo de ese darse la mano como camino evolutivo de la unidad en la diversidad?

Desde este mi punto de vista de lectura del sentido de la arquitectura, pienso que Peter Eisenman no logra ser pos-hegeliano, como el quiere desconstruyendo esa superestructura totalizante, sino que queda encerrado en su dialéctica de negación de negaciones.
Superar la dialéctica ¿no será intentar la analéctica que planteaba Dussel, comenzando a construir creativamente las relaciones intersubjetivas, con sus naturales diferencias, en todas las organizaciones e instituciones que el pasado nos entrega?      
En definitiva, si nuestra rebelión no supera el círculo rotativo y vicioso, ¿no se perderá  nuevamente en el delirio verbal de su ideología determinista, creyendo inaugurar un nuevo mundo destruyendo la máscara anterior, sin ver que instala un nuevo ornamento mediático  que termina en rencor, tiranía y terror?

Es que la máscara por más bella que sea no deja de ser una barrera que oculta el interior.

Pero el hombre es un ser que vive en la piel, en el rostro, en la mirada, donde interior y exterior se tocan, donde nace el humor ante la complejidad de lo paradójico, donde se aprende a descender, para desde allí crear desde esa insignificancia significante.

Esta nuestra temporal pequeñez ¿significa perder el sentido, la utopía, la dignidad?
No… La rebelión sin honor, esa que habla del hombre abstracto instala el resentimiento en lugar de la generosidad de la vida y su riqueza diversa, corre a la destrucción y fomenta la corte burlona de esos pequeños rebeldes, semilla de esclavos que ofrecen su servidumbre.

Por eso insisto, destruir lo viejo, no va más allá del antiguo modelo conceptual, porque no es el intento de crear un nuevo paradigma, donde se busque recrear el hilo de relaciones intersubjetivas, donde haya ayuda y autoayuda, donde haya don y contradon, donde ayudemos a construir y auto construyamos.

El dogma de la modernidad y su sociedad industrializada elevó  aristocráticamente el diseño separándolo de la materia, que quedó en manos del robotizado proletario encadenado al montaje repetitivo de ese abstracto diseño que también alcanzó a esa hilera de viviendas repetidas.

Por allá el sistema artesanal quedó como un pasado conservador y reaccionario. (17)  
Y el artista con su diseño separado de la materia  se evadió en ese nuevo  cielo del arte, o se rebeló queriendo romper esa separación que no toleraba. 
Hoy la técnica de la robotización va desplazando al Chaplin de los tiempos modernos.

Y ahí está el arte queriéndose unir con la materia, no solo la natural, sino con esos desechos de la sociedad industrial, que vuelve a reciclar o le da una función diversa.
 No se me olvida la imagen de ese hombre de una “villa”, que revocaba elásticos de antiguas camas de entramado fino, que seguramente rescató de los desechos, con los que armaba las paredes de su futura vivienda. 

Mi utilización del metal desplegado nació allí.

Tal vez tengamos que aceptar, de una vez, que la técnica, la ciencia, el arte, las estructuras, las reglas de juego, las instituciones, son productos creativos del  hombre, en ese contacto cuerpo a cuerpo con la materia. Son instrumentos que nos damos unos a otros y que agradecemos que estén a nuestra disposición.

Pero sustantivarlos y endiosarlos nos hace esclavos de ellos y no herramientas para la creación encarnada.   

Esta racionalidad abstracta y absoluta que pretendió absorber en sí las relaciones dejando aislado ahí al individuo auto conciente, hace rato que está en crisis.

Desde nuestra complejidad social e individual, trabajar desde el contexto y el lugar donde cada uno no esté solo al lado del otro sino “junto al otro” para continuar  ese camino que desde mi creencia Jesús abrió, que continuó San Francisco  hablándonos del “hermanito cuerpo” y recientemente Teilhard al superar ese antagonismo binario de las dos ciudades y hacer de la evolución y de la historia nuestro trabajo encarnado, para converger en ese punto omega de solidaria complejidad conciencia.

Pienso, que hoy y aquí, sería bueno recordar esas palabras:
 “El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.” (18)  

Y extenderla al Estado de Derecho, a las religiones, a la ciencia, a la técnica, a la cultura, al arte y a toda otra cosa que hagamos de ella una divinización  metafísica y superestructural.

Frente a la herencia que nos deja la modernidad y las simulaciones posmodernas:

 “Se hace sagrada una nueva rebelión en nombre de la mesura y de la vida. Estamos en ese extremo.
Al término de estas tinieblas es inevitable, sin embargo una luz que adivinamos ya,  y que solo tenemos que luchar para que sea.
Más allá del nihilismo todos nosotros, entre las ruinas, preparamos un renacimiento. “Pero muy pocos lo saben.” (19)
Así terminaba Camus “El hombre rebelde” en 1951 a seis años del fin de la guerra y su bomba atómica.

¿Dejaremos hoy en el 2009 de jugar a la desconstrucción, sobre todo nosotros los habitantes del continente americano, para comenzar a construir creativamente, desde abajo, ayudando a nuestros hermanos necesitados respetando su dignidad y  diversidad, respetando también las reglas de juego acordadas democráticamente que el referí de turno está obligado a cumplir y hacer cumplir y respetando por último nuestra hermana naturaleza como nuestro hogar?

 

Claudio Caveri, Trujui, Moreno,  Enero de 2009.

 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Argan Giulio Carlo,  El arte moderno Tomo 1-Ed. Fernando Torres, Valencia, 1975

2 . Romano Guardini,  La fin des temps modernes, (El fin de los tiempos modernos), Ed. Du Senil, París,  1952.

3. Derrida Jacques,  El monolingüismo del otro,  Ed. Manantial, Embajada de Francia en Argentina,  1996.

4. Jacques Lacan,  Citado en Introducción a Lacan, D´ Angelo-Carbajal, Marchilla,  Ed. Lugar Arg., 1996.

5. Bernardele Omar, Del Posmodernismo a la desconstrucción, Ed. CP67, Universidad de Palerm, Buenos Aires,  1994.

6. Eisenman Pete, r Aportes a la Estética desde el arte y la ciencia del siglo XX,  Copilación Marta Zátony,   Ed. Biblioteca de la Mirada, Buenos Aires,  1998.

7. Wigley Mark,  La desconstrucción del espacio-Nuevos paradigmas Cultura y Subjetividad, Dora Schnitman, Ed. Paidos Argentina, 2002.

8. Luhmann Niklas,  Sociedad y Sistema: la ambición de la teoría, Ed. Paidos, España, 1997.

9.  Foucault Michel, Las palabras y las cosas,  Ed siglo XXI, México, 1988.

10. Simone Weil,  La fuente griega, Ed. Jus, Mexico, 1990.

11. Carlos Marx, Critica del programa de Gotha, Org. Editorial,  Buenos Aires, 1994. “Las sociedades cooperativas solo tienen valor en cuanto son creaciones independientes de los propios obreros, no protegidas por los gobiernos ni por los burgueses. La libertad consiste en convertir al Estado, de órgano que está por encima de la sociedad, en un órgano completamente subordinado a ella. Y las formas de Estado siguen siendo hoy más o menos libres en la medida que limitan la “libertad del Estado”

12. Spengler Oswald, La decadencia de Occidente, Tomo 1,  Ed. Espasa Calpe, Madrid,  1946.

13.  Camus Albert,  Aportes a la Estética desde el arte y la ciencia del siglo XX, Copilación Marta Zátonyi, Ed. Biblioteca de la Mirada,  Buenos Aires, 1998.

14. Waisman Marina, La estructura histórica del entorno, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1972.

15. Segre Roberto,  Cuba arquitectura de la revolución,  Ed. Gustavo Pili, Barcelona, 1970.

16.  Colección patrimonio mundial, Nº 04, Ediciones Clarín, Buenos Aires,  2006.

17. “La emancipación del trabajo tiene que ser obra de la clase obrera, las demás clases no forman más que una masa reaccionaria.” “Esta sentencia lassalleana  está traída de los pelos al  tildar de masa reaccionaria y señores feudales a los artesanos, pequeños industriales y campesinos.”
Dirá Marx en su crítica al programa de Gotha reaccionando contra los gritos que se oyeron en las elecciones al Reichstag (1874):   “No comprenden, continuará, que las capas medias burguesas se vuelven revolucionarias al ver la falsificación burda de su alianza con los adversarios absolutistas y feudales.  Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo él infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lassalleana en el Estado.”

18.  Evangelio según Lucas.        

19. Camus Albert, El hombre rebelde,  Ed. Losada, Buenos Aires, 2003.

Charla de presentación
taller AVB 2011

viernes 18/2 - 10.30 hs.
FADU UBA
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Viaje a Campana
Abril y agosto 2011
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Viaje a Rosario
Octubre 2011
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Puppo en la FADU UBA
Mayo 2011
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Caveri-Visita a la Comunidad Tierra
Septiembre 2011
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EXPO TALLER AVB 2010
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CONTACTO

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